19 febrero, 2020

Cuando Juan Manuel Lillo irrumpió con cierta fuerza en el escenario del fútbol español, fueron muchos los que metieron las «balas dentro del cargador» con el propósito de herir la honestidad de la persona y las ideas del entrenador. La propuesta del joven técnico, no tardó en generar desconfianza y recelo entre quienes ven atacada su mediocridad diaria.

El único «delito» del entrenador vasco era tener ideas e infinidad de argumentos para defenderlas. Si poseer ideas en un mundo donde la ideología no pasa por su mejor momento es ya a veces un problema, cultivar argumentos para mantenerlas redobla la inquina que suele escupir el rebaño. Pensar libremente, encaja mal. Salirse del guion escrito por los mismos de siempre, está mal visto. Y ofrecer señales inequívocas de una inteligencia honesta y sensible, no ayuda mucho a la hora de moverse por esta España nuestra de cada día.

En España, hablar de buen fútbol era considerado no hace tanto un mal síntoma, exclusivo de personas con alguna desviación en el sistema neurológico. ¿Jugar bien? Si se te ocurría pronunciar esas dos palabras, te convertían inmediatamente en un iluso de sueños imposibles, al que alguna «secta filosófica» había lavado el cerebro. Digamos que te hacían la cruz. Lillo siempre ha sido un romántico ganador.

En nuestro país, la única cultura era «dejarse las pelotas de machos ibéricos» y ante esa «idea» tan original, no había manera de luchar. Juanma Lillo, es un tipo extraordinario que aplica el sentido común a las cosas de la vida y el fútbol, siempre navegó contracorriente.

Como tenía ideas, pronto aparecieron los enemigos, esos que forman la guardia pretoriana de los valores y que a la mínima te sacan a empujones del escenario. De ese escenario que no les pertenece y al que amas y por el que vives. A Lillo le asociaron a la derrota, como se asocia al fracaso a todo aquel que quiere transformar las cosas. Le «crucificaron» argumentando que no conocía el mundo en el que vivía o, en el que según esa guardia, debía vivir.

La ignorancia siempre fue muy atrevida. Si hay alguien que sabe cómo funcionan las cosas, ese es Juan Manuel Lillo. Si hay un tipo que dignifica la profesión de entrenador y se sabe ganar su sueldo con una dignidad admirable, ese es Juan Manuel Lillo. Y si existe un entrenador que ama su trabajo y le entrega su vida, ese también es Juanma Lillo.

Confieso que no le debo nada; si acaso, la admiración que les tengo a quienes vienen de vuelta con la misma integridad con la que iniciaron la ida. Decía un amigo mío que vivir es ir y volver varias veces. Mi elogiado protagonista sueña con la misma pasión con la que trata de huir de las estafas. Comprometido con la vida y valiente con el fútbol.

Ahora anda en Sevilla, pasándole a Jorge Sampaoli los apuntes, todos los conceptos a limpio para que al tango no le falte ni un solo paso. Lo hace en silencio y apoyado en lo único que dignifica a un entrenador. Es decir, las ideas y los sueños. No sé hasta donde será capaz de llegar el equipo
. Hay algo de lo que no tengo ninguna duda, la Giralda está orgullosa de que el Sevilla tenga a dos entrenadores a los que les sobra pasión, conocimiento y fútbol. ¡Mucho fútbol!

Tweets recientes

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR